Obedear.30 de octubre, 2012, a las 21:41
Era un rayo de luz en las tinieblas. Blanca como la luz clara de la mañana. Cargaba consigo un vaporoso abrigo de gasa, sin mangas, con una capucha posada suavemente sobre su pelo trenzado y rubio.Llegaba de las altas montañas, con la ropa típica de allí, muy pegada al cuerpo,con lazos,volantes y puntadas, pero estaba hecha jirones, mostrando su cuerpo en porciones arañadas. Como un copo de nieve mortecino y suave, se paseaba por la ciudad inhabitada buscando a los suyos. Anduvo por las vías y los puentes, recorriendo con la mirada cada recoveco gris. Llegó al mirador más alto, el que se adornaba con una gran fuente de chorros arqueados. No había allí nadie tampoco, ni bajo la bóveda o en la plaza. Era un día de fiesta y la ciudad adornada estaba completamente vacía. Sus ojos se entornaron formando avellanas grises y remarcadas por pestañas doradas. Y el viento del norte sopló, removiendo su cabello, y rodando por sus finos rasgos de niña. Movió su largo abrigo de gasa y los banderines festivos con aire triste, ella se dio cuenta, y el entusiasmo se convirtió en desgracia.
Esperó unos cuantos días pero nadie apareció, y se volvió un poco loca. Jugueteaba con el agua elevándolo en el aire y formando miles de figuras redondas, cuando entendió por primera vez la magia, supo que su alma estaba cambiando, que era la única de la especie pura. Se miraba en las planchas de metal, dejando que la cera los manchara a su parecer, se veía tan abominable y hermosa que su corazón se partió en dos. Su mirada cambió y su pelo se oscureció rozando el añil. Ahora el agua se evaporaba por el fuego, el rayo negro en ciudad de dioses, el ángel en demonio.
Y mientras dormía, su alma resolvía el problema, una parte miraba su reflejo blanco y hermoso y lo amaba, la otra parte, sin embargo, solo le hacía recordar que en el muro en que se recostaba estaba escrito muy grande:"Soledad".
Esperó unos cuantos días pero nadie apareció, y se volvió un poco loca. Jugueteaba con el agua elevándolo en el aire y formando miles de figuras redondas, cuando entendió por primera vez la magia, supo que su alma estaba cambiando, que era la única de la especie pura. Se miraba en las planchas de metal, dejando que la cera los manchara a su parecer, se veía tan abominable y hermosa que su corazón se partió en dos. Su mirada cambió y su pelo se oscureció rozando el añil. Ahora el agua se evaporaba por el fuego, el rayo negro en ciudad de dioses, el ángel en demonio.
Y mientras dormía, su alma resolvía el problema, una parte miraba su reflejo blanco y hermoso y lo amaba, la otra parte, sin embargo, solo le hacía recordar que en el muro en que se recostaba estaba escrito muy grande:"Soledad".
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