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domingo, 26 de abril de 2015

Es como el fuego si me acerco.
Cálido al principio, después abrumador, luego un dolor abrasador.
Y al alejarse es incluso peor.
Como el hielo.
Refrescante al principio, después afilado, luego un dolor irreparable.


Si acercas el hielo al fuego, con ánimo de mediador, el hielo se derrite, y el agua apaga el fuego.  Cenizas. El viento sopla y se las lleva.
Y ya no queda nada. Y nada se saca.

jueves, 9 de abril de 2015

El minuto tres, décimo segundo

« El sonido de "La sonata de las flores" invadía aquel vasto almacén, con un bufido hueco, que se distorsionaba con las chapas de madera. En las notas altas chocaba y bajaba como si estuviese muy lejano.
- ¡Ne fu ni faaaaa!- Canturreó Natasha con su voz cortada.- "Peru destierooo"-Deletreaba la letra inventada pero perfectamente coordinada con las notas dulces y agudas que se filtraban por la campana amplificadora del gramófono.- ¡Lararararalalararalaaaaa!-Golpe. Golpe. El golpeteo del martillo contra la chapa metálica iba a ritmo perfecto con la música de los violines y los platillos. ¡Plas! ¡plas!- ¡FIGAROOOOO!- Levantó las manos y el martillo con un espasmo teatral.
Lesmes entró en el minuto tres, décimo segundo, y cerró la puerta con un esmero genuino de alguien maniático. Se ajustó la pajarita y se quitó el sombrero.
-¿ Señorita Clayhanger?- Natasha soltó un sonido musical más parecido a un alarido que a la ópera. Lesmes andó con pasos pequeños, girando el sombrero mientras caminaba.-¿ Señorita Clayhanger?- Ella estaba al final del pasillo, subida a una escalera con un pie en el octavo escalón y la rodilla hincada en el último. Absorta en una pieza metálica de dos cuarenta de alto. Martillazo tras martillazo. Vestía un mono de tela marrón que le quedaba demasiado suelto, lo recogía en su cintura con un cinturón lleno de bolsillos.
-LAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA- El chillido rebotó como si fuese de dolor. Martillazo.
-¡Señorita Clayhanger!- Gritó Lesmes justo cuando la música cesó. El grito rebotó contra el techo y la escalera comenzó a tambalearse lado a lado. Natasha giró sus brazos intentando incorporarse. Cayó. El estrépito produjo un sonido reverberado.
-¡Maldición! ¿ Es que no es suficiente mayorcito como para llamar a la puerta?.- Natasha removió los escombros soltando una serie de quejidos, y con ayuda de Lesmes se quitó la escalera de encima. Él fingiendo ser un caballero experimentado, la tendió la mano. No la aceptó.- ¡Quién se supone que es usted! ¡y como narices ha encontrado esta dirección!.- Lesmes le regaló una sonrisa forzada, y se aclaró la garganta mientras repasaba su pelo canoso con las manos.
- Lesmes Entura- Dijo a trompicones. Se humedeció los labios.-Renegado del segundo título de mi padre y mi familia.- Apretó los dientes. Interpretó una leve reverencia sin mirarla directamente a los ojos.
-¡Cómo!- repitió con un tono lo suficientemente alto sin parecer pertinaz.
-Verá señorita Clayhanger - Se colocó la chistera debajo del brazo con nerviosismo, y comenzó a desdoblar un papel perfectamente liso.- He sido recomendado, y en estos papeles ponía el paradero de su taller.- Cogió aire y la miró con un profundo respeto durante una milésima.- No tengo la intención de importunarla, pero…- Natasha soltó un bufido, interrumpiéndole.
-¡No puede presentarse aquí con un papel…- Le arrancó la hoja de las manos y le pegó un repaso.-… y pretender que le reciba con una sonrisa!- Puso una mueca arrugada que la hizo parecer mucho más vieja.
-Pero señorita…
-¡Y mire todo esto!- Hizo un espasmo señalando a un arañazo que había en aquella plancha de dos metros cuarenta, debido a la caída- ¡Dos meses de trabajo a la basura!- Natasha le tiró el papel arrugado. Lesmes contó diez intentando calmarse. -¡Estás no son maneras! ¡Ahora encima pretenderá que le sirva un té y charlemos de pastas de limón!- Acarició al monstruo metálico como una madre preocupada.
-Yo tengo una recomendación señorita…- Ella le ignoró, dándole la espalda- de…
-¡De una familia influyente!- Le interrumpió por tercera vez, acabando su frase por él.-¡Esos malditos snobs estirados con cara de pera!- A Lesmes le comenzó a recorrer un sudor frío por la frente.- ¡Se creen que porque me den su maldito dinero, pueden comprar entradas! ¡Cómo si esto fuera un maldito museo!- Soltó unas cuantas palabras malsonantes.- Y usted- dijo algo más bajito, con el índice apuntando a su cara. - pasará la prueba, como todos- Le lanzó una mirada larga y helada.- ¡Cómo todos, maldición!- Dijo mientras se dirigía detrás de una especie de biombo. Lesmes aprovechó para doblar y curar el maltratado papel con esmero, y guardarlo de nuevo en el bolsillo de su abrigo.
Ella estaba tardando ya , diez largos y tensos minutos. Lesmes esperaba sentado en una mesa redonda y sorprendentemente limpia, con las manos en el regazo y la espalda recta. Le llamó atención un cartel tallado, que colgaba en la pared con la frase de: "Mujer autorizada a llevar pantalones. Reglamentado por el código 1243 de la séptima ley".
-Ya sé de qué me suena su nombre- La voz de Natasha detrás del biombo le sacó de sus pensamientos.- Es usted aquel hombre que detuvieron hace veintitrés años por el comercio ilegal de flores con contenidos adictivos- Sonó una cálida carcajada- Es usted el traficante de droga, que salió de prisión hace menos de un mes.- Natasha apareció con una bandeja metálica con piezas blancas de porcelana humeante. Puso el té sobre la mesa y comenzó a servirlo con una amplia e irónica sonrisa- Esto se pone deliberadamente interesante. »

Las tres malas palabras

Tengo que describir mi vida con tres malas palabras. No se me ocurre ninguna. 
- Disculpe, ¿tiene un cigarrillo?- Regalo una sonrisa impresionista. Debo de estar pareciendo una total imbécil en este preciso instante. Eso me hace mostrar un poco más feliz.Un poco más real.
- Lo siento, no fumo.- Asiento. "Ya ni yo tampoco" pienso, ¿y eso quién lo ha preguntado?. Un hombre parece haberme escuchado, estira su mano hacía mi, con un cigarrillo entre sus dedos.Lo acepto y le miro. No sonríe, así que yo tampoco me veo obligada. Prende el mechero con sus manos huesudas, doy una calada larga. Reprimo la tos, suelto el humo. Asiente. Asiento. Le sigo con la mirada hasta que se pierde en el giro de una esquina. Llueve. No demasiado, sólo lo suficiente para que el hormigón del suelo refleje los árboles desnudos.
Tengo que describir mi vida con tres malas palabras. No se me ocurre ninguna.
Doy un salto y me acurruco debajo de un balcón, cerca del portal número ocho. Empieza a llover mas fuerte. ¿Otoño?. Lo descarto, esa no es una mala palabra. Parece que la ceniza pesa demasiado, y se desprende del cigarro. Suelta un humo azul bastante bonito. Estoy empapada, debería irme a casa. Pero mi cuerpo no responde y, con un impulso desobediente, me siento en el suelo encharcado. Genial.¿Cuando fue el momento exacto en que comencé a ser así?. No recuerdo hacer estas estupideces antes. Tiro la colilla con un espasmo. Lejos. Y veo como el agua apaga las cenizas rojas, que mueren exhalando un hilo de humo. Ojalá fuera tan fácil. Hay alguien parecido a mi, dibujado en un charco que se está formando a mi lado. La miro. Me mira. Temblequea. "Sí" pienso"yo también tengo frío". Vi en un folleto de supermercado una frase en la que decía, que si hay algo que no te gusta de ti mismo lo mejor es que lo cambies. No sé por qué estoy pensando en ello. Una hoja cae en el charco y la imagen de mi cara se vuelven ondas de colores. Apoyo la cabeza un la pared y suspiro.
Tengo que describir mi vida con tres malas palabras. No se me ocurre ninguna.