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jueves, 21 de agosto de 2014

Ya lo sabes, mamá

¿Sabes mamá?, A veces, cuando tú te escondías tras las cuatro paredes de tu cuarto, yo sentía que estabas triste, y me sentaba en el pasillo, mirando sin luz ninguna, hacia la puerta de madera, imaginando que entraba, con palabras de ánimo en los bolsillos, y te hacía reír. Pero no sabía cómo seguir, solo me quedaba callada y muy atenta por si te oía llorar, y llorar contigo, pero nunca oía nada, y de puntillas andaba hasta mi cama, donde me desplomaba, preguntándome quién eras, y porque te sentía tan distante; Y tras miles de preguntas que me respondías con una negativa, una duda, o un silencio, empecé a comprender que no te conocía, y que quizá tú a mí tampoco, que éramos seres enfrentados, dos personas extrañas que por razones de sangre, se querían, y mucho, que vivían juntas, jugando a la convivencia. No es misterio, que soy muy obstinada, me solía dormir obcecada en soluciones, que solo eran meras quimeras, enfadada, y repitiendo que por qué me tratabas como si fuera una niña tonta, sin consejos. Pero mirando desde más lejos en el tiempo, he descubierto, que en realidad, somos muy parecidas, siempre cerradas a la ayuda, melancólicas, testarudas, e insistentes,  ahora sé que te refugias en un muro sin puertas, para que el dolor no se cuele sin permiso, porque al igual que yo, eres muy frágil, aunque no dejamos que nadie lo sepa, “que nadie se de cuenta, de que la cosa más ínfima puede destrozarnos, pero que podemos saltar el más alto de los obstáculos, y que somos de gustos sencillos, que las cosas pequeñas, las que son invisibles a los ojos, y los pequeños placeres nos hacen felices, que estamos repletas de sueños. Soy un trocito de ti, una visión, quizá más rebelde y menos dulce, pero tuya al fin de al cabo, y que como tú siempre me has alentado a seguir, subir, y adelantar, solo quiero que veas en mi todas tus metas y golpes, que te hagan ser mejor, más sabia, y no más vieja en consecuencia, recordarte, que puedes cumplir lo que quieras, que las restricciones se las pone uno mismo, y que mamá, tú no estás sola, y que si yo estoy, nunca vas a estarlo.

 Te quiere, María.