18 Sep. 2022
Mentes de cristal en cuerpos frágiles.
Mentes frágiles:
Aquella noche, escuchaba un podcast sobre periodismo de guerra, me levanté y mientras sutilmente escuchaba el murmullo de fondo, muy bajito, abrí la ventana. Me asomé y dejé de escuchar para ponerme a mirar, a contemplar.
Entendí que yo no soportaría una guerra, porque mi estabilidad mental era frágil, era una de las muchas mentes frágiles de las que poco a poco oía empoderarse en las redes.
Abanderando a la Generacion de cristal me había asomando a la ventana y para hacer mi discurso puse en tela de juicio la socialdemócracia de un cuarto que no era mío y de unas ventanas que seguramente se habría sufragado sin iva, porque así salen mucho más baratas.
Pero ese cristal, que estaba tapado por una fina tela blanquecina, como la de las cortinas, me recordaba a mi, que lo miraba como dejaba pasar la luz amarilla de la noche que hay en las grandes ciudades. Me recordaba a mi, porque yo también me sentía translúcida, tan sumamente dispensable que la luz me atravesaba sin dejar constancia, en su travesía o en la mía.
Y como me solían recordar que había tenido de todo, ese vacío de habitación, de casa, de ciudad y de existencia me hacía sentir culpable.
Me han dado todo, ¿Y qué he conseguido? joder, no he conseguido nada.
teniendo de todo nos responsabilizan de una vida contemplativa impuesta, porque encontrar trabajo, y algo estable es como un viaje de final incierto y poco remunerado. Se nos obliga a mirar, mirar deprisa. A esperar, pero a esperar deprisa. a contemplar el techo de tu cuarto porque no te consigues dormir pensando que en qué momento te rompiste tanto y tan finamente que las moléculas de tu transparente vida no se ven ni resquebrajadas. Así que aguantas como puedes como el cristal de la ventana por la que me asomaba. Te aguantas y contemplas la calle y las casas que están abarrotadas de personas que te cruzas cada día y que son extrañas. No eres una fragilidad romántica como el de los cristales rotos de un escaparate o premonitorios como los de un espejo, no estás desecha en polvo o lamida por el mar hasta redondear las aristas de lo que antes era dañino. Eres un cristal templado, de triple capa para no escuchar el ruido del tráfico. Con venas de fibra de vidrio y tan translucido que ni el sol que te atraviesa parece dejarte marca o acordarse de ti.
Y con la mente de cristal el cuerpo se vuelve cortina y todo las formas o expresiones son impuestas, engañosas, pero no por eso de mentira.
Porque estás rota y eres frágil y eres transparente y estás abocada a esperar que alguien te abra y te libere de tu marco de aluminio.