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lunes, 16 de septiembre de 2019

En el símbolo del infinito,
cuyo recorrido genera un bucle,
confluyen entre sus dos partes,
un solo punto
que une lo que creías pasado,
 y lo que está por venir.
Y ahí en ese instante da igual cuán cerca mires,
es imposible discernir
un principio,

y lo que debería de ser su final.

Dramático pero cálido



Entre la tranquilidad de los desconocidos,
Se reconocían varias verdades,
que yacían muy profundas,
Escondidas entre el llanto y el olvido.
Eran caras familiares de un pasado pretencioso.
De un tiempo alejado,  que encajaba más bien poco, con lo que yo estaba construyendo.
 Más abajo en los pilares de mi yo más rastrero,
Podía vislumbrar cachos esparcidos, pero muy pequeños.
No fue como el fuego, o las bombas,
No eran fuertes estallidos y después la calma.
Se parecían a un pellizco para despertar de un sueño.
Pero están ahí, en frente de ti, mirándote con la misma cara,
pero que expresión tan diferente a entonces.

Que curioso.

El amor absoluto

Esa vez que lloraste,
y no fue por mi,
acabaste arruinando mi suerte
en el juego de las cartas marcadas,
el balcón de mi torre,
y toda la tropa
de mis malas repuestas.

A la indiferencia y todas sus propuestas,
hice un ademán de recargar,
con todas las excusas ya expuestas.
Ninguna servía, siquiera como medallas,
de esa vieja gloria,
que fue una vez el amor
 que sentiste hacía mi.

Vi como un tercer año
se doblaba,
como se dobla un paño.
Como el cuarto marcaba la era,
de la equidad entre las partes,
y todas sus fronteras.

El absolutismo había perdido
ante la paciencia de un ser,
que por haber querido,
ya nada era suyo.
Ahora ya no es mío,
pero tampoco es de él.

lunes, 5 de agosto de 2019

Nacerán flores.

Voy a hacer del maquillaje mi propia pintura de guerra, 
así cuando me ponga la ropa se convertirá en armadura.
Entre ambos mi mente será un jardín con las vallas torcidas,
 con toda la paz de mis puños abiertos, del aliento y el descanso de cada batalla, crecerán los árboles.

La risa será entonces himno,
mis piernas la bandera de aquellos que van hacia delante.
Entre ellos correrá la sangre, 
colmando un recipiente creado amargamente por los días duros, 
desbordándose y rompiendo de ira la impotencia que me aletarga,
 y en aquel paraje inundado,
 nacerán nuevos brotes.

La ansiedad de un niño educado, y restringido,
será enterrado en un verde profundo,
y salvaje, como el de un niño perdido.
Cobrará entonces sentido,
aquellas consecuencias jerárquicas,
que los adultos imponen con su:
“Lo tienes prohibido”

Y como una rama que atraviesa el asfalto,
o el colorido paisaje que nace en el fango,
Entenderé que en la adversidad también nacen,
las cosas bellas, así como las fuertes.

Cuando con mis propias decisiones ,
gane la última batalla,
de mi propio tratado de independencia,
nacerán las flores

jueves, 9 de mayo de 2019

Maria

Tengo nombre de canción,
de dedicatoria póstuma,
de antiguas glorias.

De mujer divina,
de prostitución,
De pólvora y revolución.

De droga y prohibición.
Huelo a regla, a vino
a guerra. Pero también a madre.
Soy piedad y redención.

Es como la madera, la sangre y la estaca.
Las lágrimas o el nácar.
Soy la contradicción,
entre lo amable y lo macabro,
Lo fugaz y lo sombrío.
Lo que es simple y lo retorcido.

Perdona.
Es que me han dado encontronazo,
esa vieja canción que habla de mí,
Va sobre amor, y habla de mí.
Las palabras son cercanas,
cómo si tú mismo las hubieras escrito, con mi nombre en tu mente.
Hablan de desamor y hablan de mí.

lunes, 18 de marzo de 2019

Aterrizaje.

Hoy he salido de nuevo,
He visto lejano ese sol que no calienta,
Tal como si el o yo, no perteneciésemos al mismo mundo.
He hecho un llamamiento a los habitantes de mi planeta,
Mientras me ponía los cascos,
Para escuchar esa música depresiva que aconseja mis ambiciones.

Me he visto de nuevo a mi misma,
Chocando contra el suelo, sangrando.
He visto a mi padre llorando,
He visto a mi madre comenzando de nuevo,
He visto a mis amigos con los vasos llenos y las miradas vacías,
Sentados en una mesa donde solía estar yo.
Todos parecen ser de otro planeta, en el que no consigo aterrizar.
En mis imágenes ninguno me salva,
En las suyas quisieran hacerlo.
Les he visto a todos. Pero ellos no consiguen verme cuando pido auxilio.

Mientras divago noto el cuerpo muy lento,
Y mis ojos se posan en cosas muy pequeñas en las que nadie se fija.
Cosas muy hermosas, pero demasiado diminutas.
Vuelvo a preguntarme porque me siento así:
Me enfado con tanta facilidad que termino estando triste.
No tengo razones.
La razón he sido yo, todo este tiempo.

Como no concluir, que el aterrizaje es el único modo de llegar a los demás.
Para decir que he estado todo este tiempo, justo aquí.
Y que estoy triste.
Tanto que se me ha hecho un hueco, por el que me estoy cayendo.

sábado, 2 de febrero de 2019

Baldía

Pensamientos torcidos, la mayoría. Ganas. Sueños.
Y soledad. Muchísima, casi infinita.

Aquí todo parece ignorarme, y ahora hasta cuándo hace sol, me siento triste. No de esa tristeza que sana, cómo las lágrimas o la lluvia antes de un día de calor.

Es una tristeza seca, baldía, larga como un desierto. Y terriblemente pesada.

He cortado.
El café está amargo,
con azúcar sabe mal.
Pego un trago.
Con estas palabras sabe peor.
Poso el vaso.
Hay posos.