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lunes, 16 de septiembre de 2019

El amor absoluto

Esa vez que lloraste,
y no fue por mi,
acabaste arruinando mi suerte
en el juego de las cartas marcadas,
el balcón de mi torre,
y toda la tropa
de mis malas repuestas.

A la indiferencia y todas sus propuestas,
hice un ademán de recargar,
con todas las excusas ya expuestas.
Ninguna servía, siquiera como medallas,
de esa vieja gloria,
que fue una vez el amor
 que sentiste hacía mi.

Vi como un tercer año
se doblaba,
como se dobla un paño.
Como el cuarto marcaba la era,
de la equidad entre las partes,
y todas sus fronteras.

El absolutismo había perdido
ante la paciencia de un ser,
que por haber querido,
ya nada era suyo.
Ahora ya no es mío,
pero tampoco es de él.

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