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lunes, 26 de enero de 2015

Centró sus esfuerzos en mantenerse de pie con la sonrisa expuesta a gusto de todos. Posó su mano con delicadeza sobre la corteza del árbol, disimulando su mareo. Pero no pudo dirigir la mirada a otro lugar que no fuese su cuerpo, pasado tanto tiempo, y se sentía igual. Ya solo oía su respiración profunda, evitando contagiarse con el ruido de las carcajadas y la música. No dejaba de mentirse a sí misma afirmando una y otra vez "ya no me importa". Uno de tantos.
Apoyó su cuerpo sobre el tronco buscando la calma para aquella tensión, y le inundaron los recuerdos que inventaba, sobre su ropa, sobre sus manos en su pelo, sobre sus gemidos y sus besos. Sintió asco.
Temía esconderse o alejarse y encontrarse con él de frente, por eso no se movió. Pero al final le encontró algo aun peor, la tristeza. Esa que te inunda de repente, y no te deja llorar ni pensar en otra cosa. Pero no hizo nada por alejarla, al final más que triste sintió una infinita desolación.
Luego lo pensó mejor, y sin excusa ni que le importase a nadie se escabulló y se perdió un rato entre los caminos que no conocía, dejándose a merced de ser devorada por dentro por ella misma, con sus pensamientos. Luego decidió no pensar más, pero un pensamiento se coló sin permiso en su mente muerta, "no hay mayor dolor que no haber amado". Hizo una sonrisa torcida que era más una mueca que una sonrisa, y se dejó llevar por sus pies hacía cualquier lugar, en donde no hubiera nadie, porque ya ni siquiera quería ser rescatada, "¿para qué?"
Cuando apareció por la esquina de la última casa y se coló por los arboles del césped, él la buscó con la mirada entre la gente de la piscina, y la vio sentada, con las cartas en la mano, regalando risas de complicidad a personas que él no conocía. Se quedó parado observándola como un monigote, ahí parado sin pensar nada. Ella le vio con un golpe de vista, como quien se fija sin querer, y se le paró el corazón, junto a eso el mundo dejó de girar por un segundo. Se detuvo todo. Se levantó de un plumazo, e intentando disimular su torpeza.
No le esperaba tan pronto. Se deleitó con su figura, con su pelo desaliñado, y sus maletas en la mano.
Sintió vergüenza de estar sin arreglar. Había pensado en todo cuando él llegase, que vestido se pondría, que le enseñaría de si misma, y de su mundo. Pero todo dio igual.
Cuando se terminó de dar cuenta, ya estaba andando hacía a él, y cuando te tuvo cerca, con los ojos entrelazados, no le salieron las palabras. Con sus manos se terció que estaba allí con ella, rozando con sus manos la barba de tres días, y con el beso en la mejilla susurró: "ya pensaba que no venías, me tenías a escondidas, sin aliento, y echándote de menos". Él soltó la maleta y la besó muy suavemente, hasta que creciendo el beso, les miró la gente. Se apoyaron en el árbol más cercano, hasta cansarse de decirse hola, sin mediar palabra. Luego se fueron directos a la cama.
A veces te imagina, sentado mientras esperas a que salga de la ducha, llorando porque alguien cercano a muerto, tirado en la cama a punto de dormirte entre sus brazos, y dormido, sobre todo te imagina durmiendo, mientras arremolina tu pelo con sus dedos, y también se queda dormida. Tiene guardado en un rinconcito, la forma en que discutes, la cara que tienes al enfadarte, y en un papel escrito "arruga la nariz". Hay una imagen que la hace sonreír, el momento en que la detuviste y por primera vez, y la besaste, el instante en que se decidió y te besó por primera vez, el lugar donde sentados y escondidos os besasteis por primera vez: recuerda tantos primeros besos... pero todos de noche, cuando la luna se esconde tras las nubes, y el frío se cala dentro, cuando se entumecen las manos, y las miradas son más austeras. Hay un perfume en su mesita que esconde el olor que dejaste en su almohada la primera vez que os acostasteis, y el ultimo aliento que depositaste sobre su cuello. A veces, te sueña despierta, mientras cantas una cancioncilla sobre su mal humor, o cuando silbas y cocinas. Te ha visto saliendo de la ducha, con los pies descalzos. Te pilló mientras la estabas mirando, y se notaba que apartabas la vista. Te ha sonreído miles de veces, desde el otro extremo del bar, te ha susurrado al oído versos enteros, y te ha querido tanto...
Y a veces imagina que os cruzáis por la calle, y que eres tú, tú, tú, a quien ella andaba buscando,( un extraño, y en definitiva el primer amor, que por defecto, terminará perdiendo.)
Tuviera que quemarme así.
Que no existen razones necesarias, ni excusas admitidas.
Pudiera al menos lamentarme y digerirlo, dejando de nuevo, y por milésima vez un socavón muy dentro. Pero no deja agujero, ni resquicio por donde colarse el aire y lamer la herida.Simplemente arde.
Pero es que, cuando el dolor es semejante a un sentimiento constante, y por tanto irrelevante,deja de ser dolor para convertirse en desidia.Y lo dejas incrustado como si fueran vetas de hierro en tu piel, que ya no dejan que mires de igual forma la vida, ni los sueños, y que con su peso de metal, mantiene mis pies atados al suelo, añorando mucho más el volar ilusionada por la nubes. Ya sabe, dejando detrás el cielo.
Quiero ser hoja, y pertenecer al otoño.

mom

Quizá fui lo suficientemente valiente para dejarte sola, y lo suficientemente egoísta para marcharme.
Y ahora que te echo así, de menos, pueda pedirte perdón por elegir mis males y darte las gracias por apoyarme en mis decisiones.
Deseo que seas tan feliz como quieras ser y no como puedas ser.
Te echo de menos, te guardo muy cerca, y temo por ti.

Escalada

En la maldita escala de lo terrible, los grados han comenzado a bajar, últimamente cuando las cosas van mal, termino pensando que podrían ir a peor, y una duda emerge, no sé si eso es ser positiva, negativa o conformista.
Pero ya les digo, podría ser peor, muchísimo peor.
Infinitamente peor.