Centró sus esfuerzos en mantenerse de pie con la sonrisa expuesta a gusto de todos. Posó su mano con delicadeza sobre la corteza del árbol, disimulando su mareo. Pero no pudo dirigir la mirada a otro lugar que no fuese su cuerpo, pasado tanto tiempo, y se sentía igual. Ya solo oía su respiración profunda, evitando contagiarse con el ruido de las carcajadas y la música. No dejaba de mentirse a sí misma afirmando una y otra vez "ya no me importa". Uno de tantos.
Apoyó su cuerpo sobre el tronco buscando la calma para aquella tensión, y le inundaron los recuerdos que inventaba, sobre su ropa, sobre sus manos en su pelo, sobre sus gemidos y sus besos. Sintió asco.
Temía esconderse o alejarse y encontrarse con él de frente, por eso no se movió. Pero al final le encontró algo aun peor, la tristeza. Esa que te inunda de repente, y no te deja llorar ni pensar en otra cosa. Pero no hizo nada por alejarla, al final más que triste sintió una infinita desolación.
Luego lo pensó mejor, y sin excusa ni que le importase a nadie se escabulló y se perdió un rato entre los caminos que no conocía, dejándose a merced de ser devorada por dentro por ella misma, con sus pensamientos. Luego decidió no pensar más, pero un pensamiento se coló sin permiso en su mente muerta, "no hay mayor dolor que no haber amado". Hizo una sonrisa torcida que era más una mueca que una sonrisa, y se dejó llevar por sus pies hacía cualquier lugar, en donde no hubiera nadie, porque ya ni siquiera quería ser rescatada, "¿para qué?"
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