Tuviera que quemarme así.
Que no existen razones necesarias, ni excusas admitidas.
Pudiera al menos lamentarme y digerirlo, dejando de nuevo, y por milésima vez un socavón muy dentro. Pero no deja agujero, ni resquicio por donde colarse el aire y lamer la herida.Simplemente arde.
Pero es que, cuando el dolor es semejante a un sentimiento constante, y por tanto irrelevante,deja de ser dolor para convertirse en desidia.Y lo dejas incrustado como si fueran vetas de hierro en tu piel, que ya no dejan que mires de igual forma la vida, ni los sueños, y que con su peso de metal, mantiene mis pies atados al suelo, añorando mucho más el volar ilusionada por la nubes. Ya sabe, dejando detrás el cielo.
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