Cuando apareció por la esquina de la última casa y se coló por los arboles del césped, él la buscó con la mirada entre la gente de la piscina, y la vio sentada, con las cartas en la mano, regalando risas de complicidad a personas que él no conocía. Se quedó parado observándola como un monigote, ahí parado sin pensar nada. Ella le vio con un golpe de vista, como quien se fija sin querer, y se le paró el corazón, junto a eso el mundo dejó de girar por un segundo. Se detuvo todo. Se levantó de un plumazo, e intentando disimular su torpeza.
No le esperaba tan pronto. Se deleitó con su figura, con su pelo desaliñado, y sus maletas en la mano.
Sintió vergüenza de estar sin arreglar. Había pensado en todo cuando él llegase, que vestido se pondría, que le enseñaría de si misma, y de su mundo. Pero todo dio igual.
Cuando se terminó de dar cuenta, ya estaba andando hacía a él, y cuando te tuvo cerca, con los ojos entrelazados, no le salieron las palabras. Con sus manos se terció que estaba allí con ella, rozando con sus manos la barba de tres días, y con el beso en la mejilla susurró: "ya pensaba que no venías, me tenías a escondidas, sin aliento, y echándote de menos". Él soltó la maleta y la besó muy suavemente, hasta que creciendo el beso, les miró la gente. Se apoyaron en el árbol más cercano, hasta cansarse de decirse hola, sin mediar palabra. Luego se fueron directos a la cama.
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