De belleza simple.30 de diciembre, 2012, a las 22:00
Era una belleza sencilla. No de esas chicas tan guapas que con el sol brillan, que te hipnotizan si las miras demasiado, que quisieras guardarlas en cajitas para que no se rompan a pedazos.
Una usual cara ovalada con las mejillas rosadas y dos ojos oscuros enmarcando una nariz pequeña. Y en sus labios no se dibujaba el oscuro pozo de la lujuria que conservan las mujeres que saben que son hermosas. Sin embargo en sus pupilas, había un brillo, una curiosidad infinita. Solo con hablar de su pelo, conocías su personalidad. Ondas de un rubio pálido, revueltas e indecisas.
Y a mi su indecisión y sencillez me podían. La ingenuidad de sus pequeñas manos, la mirada fija. el pestañeo constante, y la forma en que arrugaba su nariz. Ella no tenía reparos en mostrar lo que sentía, y odiaba la gente que se imponía, diciendo que tenía que aferrarse a la realidad. Pero ella era despistada y desordenada, con fijación en los pequeños detalles, se enfadaba con la facilidad en la que mueren las personas y con la misma suerte que las personas que no rezan. Pero me podía, quería hacerla desaparecer. Iba con esa sonrisa burlona por el mundo, como si los problemas le resbalasen, y para colmo la borraba de su cara cuando estaba triste. Se contradecía.
Y tenía esa belleza sencilla, que me hacía enloquecer aun siendo una chica
Una usual cara ovalada con las mejillas rosadas y dos ojos oscuros enmarcando una nariz pequeña. Y en sus labios no se dibujaba el oscuro pozo de la lujuria que conservan las mujeres que saben que son hermosas. Sin embargo en sus pupilas, había un brillo, una curiosidad infinita. Solo con hablar de su pelo, conocías su personalidad. Ondas de un rubio pálido, revueltas e indecisas.
Y a mi su indecisión y sencillez me podían. La ingenuidad de sus pequeñas manos, la mirada fija. el pestañeo constante, y la forma en que arrugaba su nariz. Ella no tenía reparos en mostrar lo que sentía, y odiaba la gente que se imponía, diciendo que tenía que aferrarse a la realidad. Pero ella era despistada y desordenada, con fijación en los pequeños detalles, se enfadaba con la facilidad en la que mueren las personas y con la misma suerte que las personas que no rezan. Pero me podía, quería hacerla desaparecer. Iba con esa sonrisa burlona por el mundo, como si los problemas le resbalasen, y para colmo la borraba de su cara cuando estaba triste. Se contradecía.
Y tenía esa belleza sencilla, que me hacía enloquecer aun siendo una chica
No hay comentarios:
Publicar un comentario