Al salir del cuarto me ardía la garganta, por cada palabra que sonaba en la habitación, menos quería hablar. Pero terminé y me fui. Dando tumbos contra pared y pared, mirando el suelo fijamente. Cuando cerré la boca los ojos se me empañaron. Yo creí que era el alma, que había explotado mi corazón en miles de pedacitos, desintegrados, intentaba sali...
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