Mi mejor amigo tiene un par de tetas.17 de junio, 2012, a las 22:31
-Tetas…-Dijo ``ella´´, eso se daba más que por supuesto.- ¿Tetas?- Se miraba extrañada, ¿no era ese un espejo normal?; seguro que lo era. ¿Qué problema había entonces?- ¡SON TETAS! – Esa era una forma exagerada de decirlo, parecía por sí misma que nunca se las hubiera visto, obsesionada con sus pechos. Se colocaba las manos por debajo del pijama y se quedaba atónita enfrente del espejo.- ¡QUE SÍ!- ¿Qué sí qué?, será rara… -¡SON DOS ENORMES TETAS! – Y vuelta a la tortilla, ¡pues claro!, ¿qué van a ser si no?. Se frotó los ojos una millonésima vez más. Ya desesperada, se llevó las manos a la cabeza y empezó a rodear la habitación como una posesa; repetía sin parar cosas como: ``esto no es verdad´´, ``esto es mentira´´ o incluso `` ¡dios mío!´´. ¿Qué era lo que la preocupaba tanto?, bueno o quizá hacía eso todas las mañanas. Tampoco lo sabía, pero es un comportamiento un tanto excéntrico…
En realidad, ¿era ella más rara que yo?; al fin de al cabo era yo el que estaba mirando por la ventana de su habitación, a escondidas, encima la ventana de un segundo piso de una casa, agarrado a la reja de enredaderas, y sin saber si quiera como había llegado yo allí. Lo cierto es que era normal en mí espiar a las mujeres, desde muy pequeño espiaba a las niñas del parque, Zacarías y yo lo solíamos llamar ``nuestras investigaciones´´, teníamos notas y notas sobre comportamientos del sexo femenino, por ello siempre nos había ido bien con las mujeres. Yo había tenido multitud de novias o rolletes de una noche, pero no era más que una investigación, o una atracción sexual (Yo soy un chico de 17 años y tengo mis necesidades), pero nunca me ha gustado ninguna realmente; sin embargo Zacarías nunca había tocado a una chica, las respetaba e investigaba, pero nunca ha habido ni un beso.
Da igual cuantas investigaciones hayamos hecho, o con cuantas haya estado, esta chica no tenía razón de ser.
PRIMERA PARTE: Con cara de póquer.
-¡Zaida!, cariño baja a desayunar o llegaras tarde al instituto.-Era la madre de aquella chica, y tenía razón no quedaba más de diez minutos para llegar al colegio. Bajé la alambrada despacio hasta llegar al suelo. Y camine por el jardín agazapado; Las flores, la alambrada con las enredaderas, la casa, el color de la casa, la forma de las ventanas, las cortinas de la cocina, la cocina, y en la cocina la que parecía ser su madre: con el pelo moreno, de tez muy blanca, delgada, se parecía tanto a la madre de Zacarías. Un segundo, ¡era la madre de Zacarías! Y si lo pensabas bien era obvio que la habitación en la que espiaba era la de Zacarías. ¿Y qué hacía una chica en el cuarto de mi mejor amigo?, y más importante, ¿por qué me lo estaba ocultando?...
Y más que con un estado de shock, salí de aquel jardín, de aquella casa, con cara de póker. Sin decir ni una sola cosa, sin pensar absolutamente en nada, me dirigí al instituto…
Sí, llegué, pero no me atreví a entrar, me quedé en un banco cercano donde quedábamos todos los días para entrar juntos, esto tendría una explicación, él me lo explicaría. Esperé y esperé, pero no vino, ¿Qué narices significaba todo esto?. Once años siendo inseparables ¿y el último año íbamos a joderlo todo?.De eso nada, si no quería venir para decirme que pasa, iría hasta su casa y le sacaría la información como sea. Incluso a puñetazos.
Nunca había llegado tan rápido desde el instituto hasta aquí. Tenía una intención muy clara. Las ideas fijas. Pero aun así me daba miedo pensar que todo iba a estropearse por una chica. Y aquí estaba, en frente de su puerta con el dedo tintineando en el timbre de su casa. Como un novato. Solo me faltaba ponerme a temblar. Al fin, decidido apreté el botón: ``ding,dong´´…
…y se abrió la puerta, tras ella apareció la chica más bonita que había visto: La cara fina, ojos verdes grandes y expresivos, con los labios rojizos, esbelta, piernas largas, y con un pelo peculiarmente rojizo con bucles bien definidos, sin duda era esa chica, Zaida, La que estaba observando hace dos horas.
- ¿E-esta Zacarías?-Cerró los ojos y suspiró.-No me importa si tú no quieres que le vea entraré yo mismo a buscarle.-La hice a un lado bruscamente, (más bien la empujé), recorrí el pasillo hasta las escaleras.
-¡ESPERA!-Gritó la chica. Pero como iba hacerla caso, estaba enfurecido. Descolocando la gran alfombra verde que las decoraba, subí las escaleras a zancadas, hasta llegar al segundo piso-¡TE DIGO QUE ESPERES!-Zaida seguía insistiendo, subía las escaleras detrás de mí, torpemente, a causa de los estragos que estaba ocasionando yo.
Segunda puerta a la izquierda, la habitación de Zacarías. Jadeando entré, y solo me llevó a descubrir que allí no había nadie, atónito.- ¿ZACARÍAS? Me di la vuelta, pero era demasiado tarde, aquella chica pelirroja me acorralaba
.- ¡HUGO!-(también ella estaba exhausta) ¿Cómo sabía mi nombre?-¡SIENTATE Y CALLATE DE UNA VEZ!-Por la voz que tenía, por aquellos ojos, esa mirada que me recordaba tanto a alguien, simplemente me callé y obedecí.-No sé qué conclusión has sacado hoy por la mañana espiándome,-¿Cómo…?-pero ¡YO!, soy Zacarías. -No sé qué significaba esto pero era la tercera vez esta mañana que me quedaba con cara de póker.
SEGUNDA PARTE: Zacarías.
No sabía qué hacer, o que decir, a si que simplemente me dio por reír. Reír a carcajada limpia, como un poseso, como si me estuviera volviendo loco. Encima me faltaba el aire a causa del esfuerzo físico y emitía unos chillidos agudos que era el toque que faltaba para verme aun más trastornado. Pero la noticia era como la de un cuento. ¿Quién se podría creer una sandez así? , Todo esto era una locura.
-E-estas bien-No podía parar de reír, aun que mirara su expresión seria.-Oye, si no te lo crees podemos hacer la prueba que tú quieras, ¡cualquiera!.-Parecía mosqueada por el hecho de que me lo hubiera tomado a risa. Así que poco a poco me fui calmando. Yo sentado en el suelo y ella de cuclillas, mirándome como intentando taladrarme la cabeza con la mirada, con esos profundos ojos verdes. Tras un largo silencio, por fin me dedico una palabra.- pruébame.
-No, yo no…-Seguía mirándome así, impenetrable.-Está bien, pero si dejas de mirarme así…-se levantó y me señaló.
-lo que quieras.-¿Lo qué quiera?, eso era difícil tratándose de mi mejor amigo, sabía tantas cosas de Zacarías como de mí…
-Bien, dime donde guardo la información de nuestras investigaciones.-la miré intentando contrastar su mirada, lo más serio posible.
-Detrás de la cama, en un recoveco en el que está esa gorda biblia que te regaló tu abuela, que la cortaste en forma de CD para que cupiese toda la información del disquete.-Todo ello era cierto, pero eso se supo en segundo de ESO a culpa de Eva Méndez.
-Correcto.-Ahora una pregunta trampa-.¿en qué cumpleaños me regaló esa biblia mi abuela?.
-No te la regaló por tú cumpleaños. Si no que lo hizo por navidades.-Seguía mirándome así.
-¿Mi defecto que más odio?.
-Los dedos meñiques de los pies, los tienes torcidos.-¿Cómo podía saber eso?. Me alteró. Así que le hice muchas preguntas más directas, seguras y difíciles. Todas correctas. Joder, estaba empezando a dudar.
-Hugo por favor, escucha, mira tengo la cicatriz que me hice jugando al beisbol.-Se levantó el pelo de la frente y efectivamente, allí estaba.-Y-y tengo ese lunar en el codo tan enorme-Verdad.-Y mi mancha de nacimiento en la espalda-Se levanto el pijama, y sí cierto. Una parte de mi quería creérselo, y levantase a abrazar a mi mejor amigo. Pero la otra le atemorizaba que fuese verdad.
Levanté la vista y estaba girada.- Za-Zaida…
Se giró bruscamente-¡ZACARÍAS!-gritó. Estaba llorando, tapaba un ojo con su mano izquierda, como aquella vez que perdió a su perro, lloraba de esa misma forma, eso significaba que estaba muy asustado, y lo que buscaba en mi era apoyo. Ya sé a qué me recordaba esa mirada. Me levante y anduve hacía él, y compartiendo su misma suerte le abracé tan fuerte como pude.
Ya que sin ninguna duda, aquella chica era Zacarías.
TERCERA PARTE: Operación, Erre, punto.
-Hola señora, ¿Está Zaca...digo, Zaida en casa?-Era extraño todo había vuelto a la normalidad dentro de lo que se podían ensanchar esos límites, pero todo era muy raro. Además los únicos que nos habíamos dado cuenta de que Zacarías había cambiado era su abuelo y yo, todos los demás siempre la habían conocido como Zaida, ``o eso decían´´.
-¡Oh! Hugo, claro, claro pasa cariño, pasa. Que hoy se ha puesto muy guapa, y no sabíamos porque-Soltó una risilla maliciosa, y me azuzó el pelo.-Ahora ya lo entendemos todo, ¿verdad Pía?.-Pía era la hermana pequeña de Zacarías, tenía unos ocho años.-Zaida está arriba. Sube sí quieres.- Lo que dijo, lo que pensaba, lo que insinuaba…Todo ello me ruborizaba, y es algo de lo que debería sentir repugnancia, no vergüenza, pero para ser honesto esos eran mis sentimientos.-¡Eh!, descálzate que me manchas la alfombra.-Y eso hice me descalcé y subí las escaleras. Segunda puerta a la izquierda.
-¡Zaaaaaaida!-abrí la puerta y allí estaba.-¡Vaya!-eso se me escapó nada más verla. Estaba preciosa. Llevaba un top blanco con una falda a cuadros roja, y con el pelo suelto ,y maquillada.-Estas…¡valla !. Me sonrió.
-No me digas eso, que me sonrojo.-Los dos empezamos a reírnos.
-Oye, ¿sabes qué?, creo que esto mola mucho porque así podemos investigar un poco más…-Él se quedó pensativo por lo que había dicho. Asintió.-¿Empezamos?.
-Claro-se acerco a mí.
-¿Qué pasa?-me miraba con una sonrisa picarona en la cara.-¡QUÉ!¡dilo ya!.
-¿Has visto que tetas tengo?. Seguro que ya te has fijado, eh, salido.-le eché una mirada un tanto cínica.-Y ahora querrás hacer cosas pervertidas conmigo.-Echó a correr, haciendo el tonto-¡No!. Emitió el grito más agudo de lo normal.
-Deja de hacer el tonto y vamos a ponernos a trabajar. Haber, ¿las pelirrojas tienen el pelo de abajo ``pelirrojo´´?-Yo estaba actuando con toda naturaleza. Como antes.
-Mmm… ¡si!, yo al menos…-Se sentó junto a mí.-¡pero no he visto más!.
-Oye Zac, ¿Cómo es que nunca has besado a una chica?.-Era una pregunta que siempre le hacía, y bueno él por lo menos la intentaba contestar.
-Bueno es algo que quería decirte desde hace tiempo…yo es que-¡Dilo!, ¡dilo!¡DILO!.
-¡Hermanita!-su hermana, Pía.-Que mamá y yo nos vamos a comprar una mochila para mí. ¡En un rato venimos!-Siempre pasa lo mismo justo cuando va a contestar alguien lo estropea, y él se olvida, y no es una pregunta que se pueda meter en cualquier tema de conversación.
-¡Vale, pesada!, ¡comprarme un bolígrafo!.-la niña le sacó la lengua-¡largo!¡fuera!.-Al final la niña cedió y se fue, dejó la puerta abierta y Zaida se levantó.
-Ahora vengo, Hugo, voy al baño…-Esa forma de moverse, ese cuerpo esbelto, esas piernas tan largas, la forma en que andaba…A veces me gustaba pensar que solo era una chica más, con el pelo anaranjado y bonito par de ojos verdes. Pero era mucho más que eso, era mí segunda conciencia, la uña de mi carne, algo así como el hermano que nunca tuve; Todo eso en un precioso cuerpo de mujer. Alguna que en otra ocasión un atolondrado pensamiento se colaba por mi cabeza:¿sería la mujer perfecta?.
Un grito me desconcentró.-¡JODER!.-Era la voz de Zaida. A sí que fui corriendo hasta el baño y abrí la puerta.
-¡JODER ZAC!, ¡Pero haz el favor de vestirte!.-Me di la vuelta para no verla medio desnuda, sin parte de abajo.-¿Qué coño te pasa?, ¿por qué gritas así?.
-HUGO, joder, joder…¡tengo la puta regla!.
-¿CÓMO?-Eso era como una catástrofe nuclear para dos chicos sin ningún tipo de experiencia en un tema tan sumamente peliagudo como ese para un hombre.
-¡DIOS!, ¿qué hago?, ¡QUE HAGO!-Estábamos los dos totalmente atemorizados, impotentes, como dos niños con un problema de trigonometría.
-¡VALE!...esto…tu súbete las bragas, y-y luego, pues… ¡HABER!, ¡qué no cunda el pánico!, hemos leído sobre esto, lo tienen todas las mujeres.-En ese momento pararse a pensar…-¡UNA COMPRESA!.
-¿Dónde?-se quedó mirando al suelo buscando.
-¡Qué la busques para ponértela, zoquete!-Consumidos por la histeria…
-¡Vale!, en el armario, en el armario.-Me abalancé sobre el armario del baño y abrí una de las puertas, los cajones y en una de las baldas, ¡Bingo!.
-¡Compresas!-Abrí la caja y cogí una.-¡Toma!-se la lancé.
-¡Tío!, ¿cómo se pone esto?-Me di la vuelta.
-Haber, bájate las bragas, ¿ya?-Pregunté.
-¡Sí, sí! .-Respondió.
-Vale-me puse a leer las instrucciones-Retire el papel que la recubre, y coloque la base con pegamento en el centro de su ropa interior, retire los pliegues y ajústelos también a su ropa interior. ¡Ya está!-No había ido tan difícil.
-¿y ahora qué?-Aun tenía las bragas bajadas.
¡SÚBETE LAS BRAGAS CABEZÓN!-lo hizo al instante. Y yo salí del baño exhausto. Me dirigí al cuarto de Zacarías, y con un suspiro me tumbé en su cama. No tarde mucho en quedarme dormido.
CUARTA PARTE: El beso.
Me desperté, ya con cara de sorpresa, Zaida estaba tirada sobre mí, con sus labios tocando los míos. Como si todo fuera un sueño, pero había un problema,¡¡NO LO ERA!! , así que sin más dilación me separe de ella, me calcé, y salí de su casa como una bala. No quería oír ninguna explicación, de nadie, sobre nada y mucho menos sobre Zacarías, eso estaba claro. La dificultad no era el beso, si no quien me lo había dado, ¿y por qué?.No quería pensar más, sobre el tema, así que me puse los cascos, la música, y la capucha. Parecía un día triste, de esos en los que cae la lluvia…
QINTA PARTE: ``Dicen que el agua purifica el alma…´´
Eran vacaciones de semana santa, y nacía un día gris, con nubes, con un fuerte viento llegando del norte, un aire frío. Y yo, mirando por la ventana, pensativo. A culpa del tormentoso día, me empezaron a llegar miles de cosas a la mente. Ya hacía casi tres semanas que no veía a Zaida, que no hablaba con Zacarías… Al parecer estaba enferm@, pero yo sabía de sobra que eso era mentira, que estaba avergonzado. También yo lo estaba pero de una forma distinta. Había estado pesando sobre el tema. ¿Me gustaba Zaida?. Sí, realmente me gustaba, con esa parte no había problema, si la hubiera conocido hace unos dos meses, después de su transformación, me habría gustado mucho esa chica. Pero…Era Zac, de Zacarías, aquel chico que Zaida y yo habíamos dejado atrás, lo habíamos ocultado pero ocurrió lo más inevitable, nos enamoramos. ¡Un momento!, ¿había dicho yo eso?, ``nos enamoramos´´.
Esos eran mis verdaderos sentimientos, y por eso estaba frustrado, porque no se había dignado a decírmelo todos estos años…
-¡HUGO!-Era mi madre, ¿Qué quería?-¡Ha venido Zaida a verte!.-¿Cómo?, ¡Mierda!,
-Mamá, no la dejes pa…-No seguí la frase porque no era necesario, ya la había dejado pasar.-¿Qué quieres?.-Lo dije con un tono cortante y maleducado.
-Perdóname.-Lo dijo con la mirada hacía el suelo, y sus manos entrelazadas.
-¿Por qué?-era una pregunta simple.
-Por haberte besado.-Lo sabía, por eso mismo hice la pregunta, para oír esa misma respuesta. Estaba cabreado por el simple hecho de que no se daba cuenta de nada.
-¡NO TIENES COJONES A DECIR ESO OTRA VEZ!-Incluso me levanté de la silla de lo alterado que estaba, con los ojos clavados en su cara triste.
-¡Ahora no!-Me miró un segundo antes de volver la mirada hacia el suelo. Me estaba evitando.
-¡EN TU PUTA VIDA LOS HAS TENIDO!-Le seguí mirando, con los ojos inyectados en sangre, furioso, a un solo paso de lanzarme a por ella y matarle a golpes.-¡TEN AL MENOS EL VALOR DE MIRARME!- Miró hacía un lado, con los ojos llorosos, luego hacia el techo, luego los cerró fuertemente, negó con la cabeza, y al fin me miró. Con dos lágrimas surcando sus mejillas. La miré a los ojos, y por un segundo vi de nuevo a Zacarías, y le quería exactamente de la misma forma. Locamente.
-Eres injusto…-susurró ella.
-¡¿YO SOY INJUSTO?! , ¿Y TÚ?.-Me senté de nuevo en la silla. y exhalé un largo suspiro.-Tú eres el que llevas once años enamorado de mi y no te has dignado ni a decírmelo. Pensé que no teníamos secretos…
-¿Para qué?, para que me grites, ¿para qué me deniegues la palabra?... ¿para qué me olvides?.
-Nunca te olvidaría, no te denegaría la palabra, sino, ¿con quién hablaría?.Y solo existe un ``para´´, para decirte lo locamente enamorado que estoy de los dos, de Zaida, de Zacarías.-Entonces simplemente me acerqué y la besé, con las manos entre su fino pelo anaranjado, (¿para un moreno de ojos castaños que más se podía pedir?), escuchando como las gotas de lluvia chocaban contra el cristal, y pensando: ``Sí, mi mejor amigo, tiene un par de tetas´´.
Fin
En realidad, ¿era ella más rara que yo?; al fin de al cabo era yo el que estaba mirando por la ventana de su habitación, a escondidas, encima la ventana de un segundo piso de una casa, agarrado a la reja de enredaderas, y sin saber si quiera como había llegado yo allí. Lo cierto es que era normal en mí espiar a las mujeres, desde muy pequeño espiaba a las niñas del parque, Zacarías y yo lo solíamos llamar ``nuestras investigaciones´´, teníamos notas y notas sobre comportamientos del sexo femenino, por ello siempre nos había ido bien con las mujeres. Yo había tenido multitud de novias o rolletes de una noche, pero no era más que una investigación, o una atracción sexual (Yo soy un chico de 17 años y tengo mis necesidades), pero nunca me ha gustado ninguna realmente; sin embargo Zacarías nunca había tocado a una chica, las respetaba e investigaba, pero nunca ha habido ni un beso.
Da igual cuantas investigaciones hayamos hecho, o con cuantas haya estado, esta chica no tenía razón de ser.
PRIMERA PARTE: Con cara de póquer.
-¡Zaida!, cariño baja a desayunar o llegaras tarde al instituto.-Era la madre de aquella chica, y tenía razón no quedaba más de diez minutos para llegar al colegio. Bajé la alambrada despacio hasta llegar al suelo. Y camine por el jardín agazapado; Las flores, la alambrada con las enredaderas, la casa, el color de la casa, la forma de las ventanas, las cortinas de la cocina, la cocina, y en la cocina la que parecía ser su madre: con el pelo moreno, de tez muy blanca, delgada, se parecía tanto a la madre de Zacarías. Un segundo, ¡era la madre de Zacarías! Y si lo pensabas bien era obvio que la habitación en la que espiaba era la de Zacarías. ¿Y qué hacía una chica en el cuarto de mi mejor amigo?, y más importante, ¿por qué me lo estaba ocultando?...
Y más que con un estado de shock, salí de aquel jardín, de aquella casa, con cara de póker. Sin decir ni una sola cosa, sin pensar absolutamente en nada, me dirigí al instituto…
Sí, llegué, pero no me atreví a entrar, me quedé en un banco cercano donde quedábamos todos los días para entrar juntos, esto tendría una explicación, él me lo explicaría. Esperé y esperé, pero no vino, ¿Qué narices significaba todo esto?. Once años siendo inseparables ¿y el último año íbamos a joderlo todo?.De eso nada, si no quería venir para decirme que pasa, iría hasta su casa y le sacaría la información como sea. Incluso a puñetazos.
Nunca había llegado tan rápido desde el instituto hasta aquí. Tenía una intención muy clara. Las ideas fijas. Pero aun así me daba miedo pensar que todo iba a estropearse por una chica. Y aquí estaba, en frente de su puerta con el dedo tintineando en el timbre de su casa. Como un novato. Solo me faltaba ponerme a temblar. Al fin, decidido apreté el botón: ``ding,dong´´…
…y se abrió la puerta, tras ella apareció la chica más bonita que había visto: La cara fina, ojos verdes grandes y expresivos, con los labios rojizos, esbelta, piernas largas, y con un pelo peculiarmente rojizo con bucles bien definidos, sin duda era esa chica, Zaida, La que estaba observando hace dos horas.
- ¿E-esta Zacarías?-Cerró los ojos y suspiró.-No me importa si tú no quieres que le vea entraré yo mismo a buscarle.-La hice a un lado bruscamente, (más bien la empujé), recorrí el pasillo hasta las escaleras.
-¡ESPERA!-Gritó la chica. Pero como iba hacerla caso, estaba enfurecido. Descolocando la gran alfombra verde que las decoraba, subí las escaleras a zancadas, hasta llegar al segundo piso-¡TE DIGO QUE ESPERES!-Zaida seguía insistiendo, subía las escaleras detrás de mí, torpemente, a causa de los estragos que estaba ocasionando yo.
Segunda puerta a la izquierda, la habitación de Zacarías. Jadeando entré, y solo me llevó a descubrir que allí no había nadie, atónito.- ¿ZACARÍAS? Me di la vuelta, pero era demasiado tarde, aquella chica pelirroja me acorralaba
.- ¡HUGO!-(también ella estaba exhausta) ¿Cómo sabía mi nombre?-¡SIENTATE Y CALLATE DE UNA VEZ!-Por la voz que tenía, por aquellos ojos, esa mirada que me recordaba tanto a alguien, simplemente me callé y obedecí.-No sé qué conclusión has sacado hoy por la mañana espiándome,-¿Cómo…?-pero ¡YO!, soy Zacarías. -No sé qué significaba esto pero era la tercera vez esta mañana que me quedaba con cara de póker.
SEGUNDA PARTE: Zacarías.
No sabía qué hacer, o que decir, a si que simplemente me dio por reír. Reír a carcajada limpia, como un poseso, como si me estuviera volviendo loco. Encima me faltaba el aire a causa del esfuerzo físico y emitía unos chillidos agudos que era el toque que faltaba para verme aun más trastornado. Pero la noticia era como la de un cuento. ¿Quién se podría creer una sandez así? , Todo esto era una locura.
-E-estas bien-No podía parar de reír, aun que mirara su expresión seria.-Oye, si no te lo crees podemos hacer la prueba que tú quieras, ¡cualquiera!.-Parecía mosqueada por el hecho de que me lo hubiera tomado a risa. Así que poco a poco me fui calmando. Yo sentado en el suelo y ella de cuclillas, mirándome como intentando taladrarme la cabeza con la mirada, con esos profundos ojos verdes. Tras un largo silencio, por fin me dedico una palabra.- pruébame.
-No, yo no…-Seguía mirándome así, impenetrable.-Está bien, pero si dejas de mirarme así…-se levantó y me señaló.
-lo que quieras.-¿Lo qué quiera?, eso era difícil tratándose de mi mejor amigo, sabía tantas cosas de Zacarías como de mí…
-Bien, dime donde guardo la información de nuestras investigaciones.-la miré intentando contrastar su mirada, lo más serio posible.
-Detrás de la cama, en un recoveco en el que está esa gorda biblia que te regaló tu abuela, que la cortaste en forma de CD para que cupiese toda la información del disquete.-Todo ello era cierto, pero eso se supo en segundo de ESO a culpa de Eva Méndez.
-Correcto.-Ahora una pregunta trampa-.¿en qué cumpleaños me regaló esa biblia mi abuela?.
-No te la regaló por tú cumpleaños. Si no que lo hizo por navidades.-Seguía mirándome así.
-¿Mi defecto que más odio?.
-Los dedos meñiques de los pies, los tienes torcidos.-¿Cómo podía saber eso?. Me alteró. Así que le hice muchas preguntas más directas, seguras y difíciles. Todas correctas. Joder, estaba empezando a dudar.
-Hugo por favor, escucha, mira tengo la cicatriz que me hice jugando al beisbol.-Se levantó el pelo de la frente y efectivamente, allí estaba.-Y-y tengo ese lunar en el codo tan enorme-Verdad.-Y mi mancha de nacimiento en la espalda-Se levanto el pijama, y sí cierto. Una parte de mi quería creérselo, y levantase a abrazar a mi mejor amigo. Pero la otra le atemorizaba que fuese verdad.
Levanté la vista y estaba girada.- Za-Zaida…
Se giró bruscamente-¡ZACARÍAS!-gritó. Estaba llorando, tapaba un ojo con su mano izquierda, como aquella vez que perdió a su perro, lloraba de esa misma forma, eso significaba que estaba muy asustado, y lo que buscaba en mi era apoyo. Ya sé a qué me recordaba esa mirada. Me levante y anduve hacía él, y compartiendo su misma suerte le abracé tan fuerte como pude.
Ya que sin ninguna duda, aquella chica era Zacarías.
TERCERA PARTE: Operación, Erre, punto.
-Hola señora, ¿Está Zaca...digo, Zaida en casa?-Era extraño todo había vuelto a la normalidad dentro de lo que se podían ensanchar esos límites, pero todo era muy raro. Además los únicos que nos habíamos dado cuenta de que Zacarías había cambiado era su abuelo y yo, todos los demás siempre la habían conocido como Zaida, ``o eso decían´´.
-¡Oh! Hugo, claro, claro pasa cariño, pasa. Que hoy se ha puesto muy guapa, y no sabíamos porque-Soltó una risilla maliciosa, y me azuzó el pelo.-Ahora ya lo entendemos todo, ¿verdad Pía?.-Pía era la hermana pequeña de Zacarías, tenía unos ocho años.-Zaida está arriba. Sube sí quieres.- Lo que dijo, lo que pensaba, lo que insinuaba…Todo ello me ruborizaba, y es algo de lo que debería sentir repugnancia, no vergüenza, pero para ser honesto esos eran mis sentimientos.-¡Eh!, descálzate que me manchas la alfombra.-Y eso hice me descalcé y subí las escaleras. Segunda puerta a la izquierda.
-¡Zaaaaaaida!-abrí la puerta y allí estaba.-¡Vaya!-eso se me escapó nada más verla. Estaba preciosa. Llevaba un top blanco con una falda a cuadros roja, y con el pelo suelto ,y maquillada.-Estas…¡valla !. Me sonrió.
-No me digas eso, que me sonrojo.-Los dos empezamos a reírnos.
-Oye, ¿sabes qué?, creo que esto mola mucho porque así podemos investigar un poco más…-Él se quedó pensativo por lo que había dicho. Asintió.-¿Empezamos?.
-Claro-se acerco a mí.
-¿Qué pasa?-me miraba con una sonrisa picarona en la cara.-¡QUÉ!¡dilo ya!.
-¿Has visto que tetas tengo?. Seguro que ya te has fijado, eh, salido.-le eché una mirada un tanto cínica.-Y ahora querrás hacer cosas pervertidas conmigo.-Echó a correr, haciendo el tonto-¡No!. Emitió el grito más agudo de lo normal.
-Deja de hacer el tonto y vamos a ponernos a trabajar. Haber, ¿las pelirrojas tienen el pelo de abajo ``pelirrojo´´?-Yo estaba actuando con toda naturaleza. Como antes.
-Mmm… ¡si!, yo al menos…-Se sentó junto a mí.-¡pero no he visto más!.
-Oye Zac, ¿Cómo es que nunca has besado a una chica?.-Era una pregunta que siempre le hacía, y bueno él por lo menos la intentaba contestar.
-Bueno es algo que quería decirte desde hace tiempo…yo es que-¡Dilo!, ¡dilo!¡DILO!.
-¡Hermanita!-su hermana, Pía.-Que mamá y yo nos vamos a comprar una mochila para mí. ¡En un rato venimos!-Siempre pasa lo mismo justo cuando va a contestar alguien lo estropea, y él se olvida, y no es una pregunta que se pueda meter en cualquier tema de conversación.
-¡Vale, pesada!, ¡comprarme un bolígrafo!.-la niña le sacó la lengua-¡largo!¡fuera!.-Al final la niña cedió y se fue, dejó la puerta abierta y Zaida se levantó.
-Ahora vengo, Hugo, voy al baño…-Esa forma de moverse, ese cuerpo esbelto, esas piernas tan largas, la forma en que andaba…A veces me gustaba pensar que solo era una chica más, con el pelo anaranjado y bonito par de ojos verdes. Pero era mucho más que eso, era mí segunda conciencia, la uña de mi carne, algo así como el hermano que nunca tuve; Todo eso en un precioso cuerpo de mujer. Alguna que en otra ocasión un atolondrado pensamiento se colaba por mi cabeza:¿sería la mujer perfecta?.
Un grito me desconcentró.-¡JODER!.-Era la voz de Zaida. A sí que fui corriendo hasta el baño y abrí la puerta.
-¡JODER ZAC!, ¡Pero haz el favor de vestirte!.-Me di la vuelta para no verla medio desnuda, sin parte de abajo.-¿Qué coño te pasa?, ¿por qué gritas así?.
-HUGO, joder, joder…¡tengo la puta regla!.
-¿CÓMO?-Eso era como una catástrofe nuclear para dos chicos sin ningún tipo de experiencia en un tema tan sumamente peliagudo como ese para un hombre.
-¡DIOS!, ¿qué hago?, ¡QUE HAGO!-Estábamos los dos totalmente atemorizados, impotentes, como dos niños con un problema de trigonometría.
-¡VALE!...esto…tu súbete las bragas, y-y luego, pues… ¡HABER!, ¡qué no cunda el pánico!, hemos leído sobre esto, lo tienen todas las mujeres.-En ese momento pararse a pensar…-¡UNA COMPRESA!.
-¿Dónde?-se quedó mirando al suelo buscando.
-¡Qué la busques para ponértela, zoquete!-Consumidos por la histeria…
-¡Vale!, en el armario, en el armario.-Me abalancé sobre el armario del baño y abrí una de las puertas, los cajones y en una de las baldas, ¡Bingo!.
-¡Compresas!-Abrí la caja y cogí una.-¡Toma!-se la lancé.
-¡Tío!, ¿cómo se pone esto?-Me di la vuelta.
-Haber, bájate las bragas, ¿ya?-Pregunté.
-¡Sí, sí! .-Respondió.
-Vale-me puse a leer las instrucciones-Retire el papel que la recubre, y coloque la base con pegamento en el centro de su ropa interior, retire los pliegues y ajústelos también a su ropa interior. ¡Ya está!-No había ido tan difícil.
-¿y ahora qué?-Aun tenía las bragas bajadas.
¡SÚBETE LAS BRAGAS CABEZÓN!-lo hizo al instante. Y yo salí del baño exhausto. Me dirigí al cuarto de Zacarías, y con un suspiro me tumbé en su cama. No tarde mucho en quedarme dormido.
CUARTA PARTE: El beso.
Me desperté, ya con cara de sorpresa, Zaida estaba tirada sobre mí, con sus labios tocando los míos. Como si todo fuera un sueño, pero había un problema,¡¡NO LO ERA!! , así que sin más dilación me separe de ella, me calcé, y salí de su casa como una bala. No quería oír ninguna explicación, de nadie, sobre nada y mucho menos sobre Zacarías, eso estaba claro. La dificultad no era el beso, si no quien me lo había dado, ¿y por qué?.No quería pensar más, sobre el tema, así que me puse los cascos, la música, y la capucha. Parecía un día triste, de esos en los que cae la lluvia…
QINTA PARTE: ``Dicen que el agua purifica el alma…´´
Eran vacaciones de semana santa, y nacía un día gris, con nubes, con un fuerte viento llegando del norte, un aire frío. Y yo, mirando por la ventana, pensativo. A culpa del tormentoso día, me empezaron a llegar miles de cosas a la mente. Ya hacía casi tres semanas que no veía a Zaida, que no hablaba con Zacarías… Al parecer estaba enferm@, pero yo sabía de sobra que eso era mentira, que estaba avergonzado. También yo lo estaba pero de una forma distinta. Había estado pesando sobre el tema. ¿Me gustaba Zaida?. Sí, realmente me gustaba, con esa parte no había problema, si la hubiera conocido hace unos dos meses, después de su transformación, me habría gustado mucho esa chica. Pero…Era Zac, de Zacarías, aquel chico que Zaida y yo habíamos dejado atrás, lo habíamos ocultado pero ocurrió lo más inevitable, nos enamoramos. ¡Un momento!, ¿había dicho yo eso?, ``nos enamoramos´´.
Esos eran mis verdaderos sentimientos, y por eso estaba frustrado, porque no se había dignado a decírmelo todos estos años…
-¡HUGO!-Era mi madre, ¿Qué quería?-¡Ha venido Zaida a verte!.-¿Cómo?, ¡Mierda!,
-Mamá, no la dejes pa…-No seguí la frase porque no era necesario, ya la había dejado pasar.-¿Qué quieres?.-Lo dije con un tono cortante y maleducado.
-Perdóname.-Lo dijo con la mirada hacía el suelo, y sus manos entrelazadas.
-¿Por qué?-era una pregunta simple.
-Por haberte besado.-Lo sabía, por eso mismo hice la pregunta, para oír esa misma respuesta. Estaba cabreado por el simple hecho de que no se daba cuenta de nada.
-¡NO TIENES COJONES A DECIR ESO OTRA VEZ!-Incluso me levanté de la silla de lo alterado que estaba, con los ojos clavados en su cara triste.
-¡Ahora no!-Me miró un segundo antes de volver la mirada hacia el suelo. Me estaba evitando.
-¡EN TU PUTA VIDA LOS HAS TENIDO!-Le seguí mirando, con los ojos inyectados en sangre, furioso, a un solo paso de lanzarme a por ella y matarle a golpes.-¡TEN AL MENOS EL VALOR DE MIRARME!- Miró hacía un lado, con los ojos llorosos, luego hacia el techo, luego los cerró fuertemente, negó con la cabeza, y al fin me miró. Con dos lágrimas surcando sus mejillas. La miré a los ojos, y por un segundo vi de nuevo a Zacarías, y le quería exactamente de la misma forma. Locamente.
-Eres injusto…-susurró ella.
-¡¿YO SOY INJUSTO?! , ¿Y TÚ?.-Me senté de nuevo en la silla. y exhalé un largo suspiro.-Tú eres el que llevas once años enamorado de mi y no te has dignado ni a decírmelo. Pensé que no teníamos secretos…
-¿Para qué?, para que me grites, ¿para qué me deniegues la palabra?... ¿para qué me olvides?.
-Nunca te olvidaría, no te denegaría la palabra, sino, ¿con quién hablaría?.Y solo existe un ``para´´, para decirte lo locamente enamorado que estoy de los dos, de Zaida, de Zacarías.-Entonces simplemente me acerqué y la besé, con las manos entre su fino pelo anaranjado, (¿para un moreno de ojos castaños que más se podía pedir?), escuchando como las gotas de lluvia chocaban contra el cristal, y pensando: ``Sí, mi mejor amigo, tiene un par de tetas´´.
Fin
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