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lunes, 6 de julio de 2015

mayonesa

-Eh mayonesa, recuerda una cosa que tengo que decirte, Emile no va a volver, más te vale que riegues tú sus plantas.
-No tiene plantas
Pues las compras- Se rió.
-También puedo llevarle las cosas y vivir aquí.-Se contoneó tres veces antes de caer al suelo.
-También- Sonrió mostrando todos los dientes- pero eso de llevarle las cosas te va a costar, porque le he matado.- Mayonesa no se sorprendió y de la risa floja que le entró vomitó. Se arrastró con las manos, lo más lejos que pudo del charco.
-Como puedes estar metido tan temprano.- Dio tres pasos y le miró.- a ti no va a hacer falta matarte, te vales tú solito.
-Eres mi hermano.- Se apoyó contra la pared y se sorbió los mocos con ayuda de la mano. Temblaba. 
-El ketchup.- El comentario solo le hizo gracia a él, Mayonesa entornó la mirada, intentando enfocarle.- Además- Se puso de cuclillas y le agarró del pelo.-papá quiere que te salve, y esas mierdas sentimentales.
-T-tú nunca haces caso a papá.
-¡Mira!- rió inocentemente- no eres tan subnormal como yo pensaba-Le escupió.Cambió el gesto automáticamente, lanzando una mirada cruel.-¿Estas enfadado? el hecho de matar a tu marido no ha sido algo personal.
-¿Cómo sabes...?
-¿Qué os casasteis la semana pasada?- Le cortó. Se levantó con energía, sacó un pañuelo de seda cuidadosamente doblado del bolsillo de su chaqueta y se limpió la cara con cuidado. Volvió a sonreír ampliamente, como un niño.- Bueno, ese ha sido mi regalo de bodas.-Dobló el pañuelo con esmero.- Al fin de al cabo, Emile era un niño malo, con el hocico metido en asuntos de mayores. Pero eres mi hermano.- Sacó unas pastillas blancas del interior de un paquete de plástico. Todas.-Y retrasé un poco su muerte, más que nada para que pudiera llegar a tiempo a su boda.- Volvió a reír. Mayonesa miró con deseo las pastillas e intentó levantarse sin éxito.- Tranquilo hermanito, son todas para ti. Un regalo - Puso las pastillas en el pañuelo y lo posó en el suelo, cerca del marco de la puerta.- Bueno- Se llevó un dedo a la boca, burlándose.- me llevaré una para el camino.- Cogió una.- ¡Pero cuidado! son fuertes, sólo una antes de comer y otra después de cenar.- Rió y luego suspiró.- Qué público más duro tenemos esta mañana.-Se comió la pastilla y el crujido invadió el cuarto.- No me guardes rencor, es que mi amigos, tienen una especial fijación con los periodistas entrometidos.- Levantó los hombros sonriente.-Ya me voy,y deberías cuidarte un poco, estás horrible, cualquiera diría que somos gemelos.- Se fue. Y sin saber que la cuarta hija del teniente de la plaza sur, se escondía tras las cortinas. Excepto los pies. Con una grabadora encendida.
-Te tengo- susurró.
-Te matará.- Dijo mayonesa con las pastillas en la mano.
-Y a ti.- Las señaló. Salió de las cortinas pisando el charco de vómito.- ¡Joder! que asco.- Arrastró el pie por la moqueta con nerviosismo.
-Emile ha muerto.- Dijo como si ella no lo supiera.
-Emile era gilipollas, le conocía desde la facultad,. Yo llevo más tiempo detrás del cabrón de tu hermano, y todavía no sabe ni que existo.
- Pues asegúrate de que siga así.- Ella asintió y miró a Mayonesa con lástima.
-Me voy.
-¿Ya tienes lo que necesitas?.- Se comió todas las pastillas.
- Sí.-Dijo solamente, y se fue.

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