-¡Quiero que la encontréis!- La voz rebotó por el salón
hasta la puerta como un rugido en una cueva. Haniel esperó a que los vigilantes
saliesen en fila y sin hacer ruido antes de pisar la alfombra del salón. Suspiró.
-Querido, deberíais estar más tranquilo.- Elienai posó una
mano gentilmente sobre la de su prometido.- o malentenderán tus acciones.- Alan
gruñó mientras negaba con la cabeza.
-Mi señor.- Haniel regaló una perfecta reverencia a Elienai.
-¡Querido amigo!- El futuro rey se levantó extendiendo los
brazos y una amplia sonrisa.- ¿Cuándo has llegado?
-Hace tan solo unos minutos.- Sonrió. Alan bajó los
escalones con soltura quedándose a la altura del alquimista.- Será mejor que
hablemos en un lugar más discreto, parecéis agitado.- Alan asintió y miró a
Elienai aun sentada majestuosamente en el trono.
-Nos veremos después mi amor.- Ella le despidió con la más flagrante
de las sonrisas.
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