Le pareció mal educado preguntar, así que , rebuscó dentro y se puso la sonrisa más sincera que encontró. Ella le miró con dulzura, y luego añadió la pena, dos toquecitos suaves en la pierna, un corazón roto, rematado con un beso en la mejilla.
Luego se fue. Él primero. No se giró a comprobar si era un simulacro de emergencia.
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