En la más hermosa de las concepciones del artista, este se posiciona como un guerrero imparable, de lado de la justicia, alejado de todo aquello que corrompe la libertad y la expresión. Siempre guardián de los débiles y oprimidos, guía de las minorías. Un atacante victorioso, que se cierne sobre la más dura de las guerras que la sociedad esconde: las ideas.
Y las toma en sus manos, como un dios todopoderoso, las arranca y las imparte, como si solo suya fuera la responsabilidad de abrir los ojos a la humanidad. Y que ciegos hemos quedado.
Ahora, tantos de nosotros nos alzamos reivindicativos, para dar de comer a la mente y el corazón, que nos hemos puesto todos malos.
"El arte está enfermo"
Y esto lo dijo un buen amigo, sin creer, seguramente que impactaría en mi como si de millones de bombas se tratasen,tambaleando cada cimiento que he puesto con cuidado en lo que a "imagen" artística se habla. Porque eso intentamos hacer todos.
De la idea más simple e ingenua pueden nacer demonios. Convertirse en virus maliciosos que infectan la mente, y el espíritu. Y ya no eres el de antes, eres un ser diferente, mutado y exprimido por ideas concebidas en otros lados, que haces tuyas, y que por supuesto repartes, como si de abrazos se tratasen.
Pero nacen demonios.
Por tanto quisiera decir- dejando a un lado la suposición de que yo misma esté delirando por la fiebre - que debemos dejar la guerra.
El mundo no necesita más heridas, necesita la cura. Quizá llegó la hora de que los guerreros den paso a los curanderos, y que la guerra se convierta en cenizas, que haya paz durante un tiempo, y que luego si es necesario, resurja.
Porque hay que curar el arte que sigue enfermando.
Dejar de lado la pasión y la fuerza, para dar paso a la amabilidad y la dulzura. Dejar el grito de que los tiempos cambien, pasar al silencio,y que de verdad lo hagan.
Porque un día un amigo, enciende una chispa,
luego la vida hecha leña al fuego,
y al final salimos todos ardiendo.
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