Malena, niego el rendirme. Lucho contra la negativa todo el tiempo. Todas las veces. Si me echan a los perros, a patadas, o me humillan. Voy, y sigo. El amor me apalea, me dice que le olvide. Pero obstinada que soy. Cojo y recaigo, una vez más en sus redes, me devora. Paro entre los surcos del dolor y me recupero. Me preguntas "¿Y qué?". Pues yo ya no quiero perderme de nuevo. Malena ¿no lo entiendes?. Quizá, esta vez sea la hora de parar a descansar, de rendirme, de morir. De dejar de caer y tropezar. Dices que lo entiendes, pero del mismísimo infierno ya no se puede caer más. No lo entiendes Malena; Nunca he tenido un sí sincero, no me han querido de verdad. No lo compartes, dices. Pero estoy harta, quiero renunciar. Aquí y ahora. Lo dejo, dimito. Dices que no, que miento. Pero aquí va, muere un romántico más, a manos del peor de todos ellos, el amor.
Porque me juré a mi misma, que una sola vez más desolada, y cerraría a cal y canto, con llave el corazón.
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