Un monólogo de miradas.Una sonrisa torcida.Un leve suspiro.
La habitación a oscuras. Y por la ventana un rayo de luz que ilumina tus mejillas.
Tus ojos entornados., Tu cabeza vuelta, mirando hacía otro lado.
Un muro en una colina. Una puerta. Un candado.
Un resquicio de esperanza que se ha ido.
De reojo, tus pupilas contra las mías.
Entonces, muestras la llave que escondías.
Un nudo. Entrañas. Fuego y cenizas. La llama se prende.
Arde a dentelladas.
Mordisqueando recuerdos que pretenden.
Y siento que mi mente ya no es mía, que mis manos quieren rozarle, y mis labios salvaguardar las distancias, pero más tarde.
Se mezclan mis sentidos en un punto. Y se hace muy pequeño el mundo.
Centrándose en su cuello.
En los mechones de su pelo. En sus hombros. En su torso. En sus orejas.
En su respiración medida. En la mía entrecortada.
Bajo mis párpados. Hago un gesto sosegado. Refrenando mis deseos. Aplacando mis impulsos. Y pienso. Hay una parte de odio en el amor que profeso.
Una locura incontrolable.
Salvajes ganas de arrancarle. De forzarle. De morderle. De quererle hasta matarle.
Que sea mío.
Pero no puedo.
Agacho la mirada. Y me digo. Y dudo. Y no me respondo.
Hay un combate. Se hende un puñal. Me resisto. Me agoto. Desisto.
Cierro la ventana. Cae la luz. Salgo de la habitación. Subo la colina. Traspaso el muro. Cruzo la puerta. Cierro el candado. Tiro la llave.
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