Veo la virgen que he pintado en un papel de acuarela,
imprime mi nombre, no a mi.
Me está mirando con esos ojos siniestros y vacíos de estatua,
reprochan los míos que brillan vidriosos a la luz del flexo.
Están asintiendo mi miedo.
Pero no sienten nada.
Escucho, "no va a salir bien, no va a salir bien" en una canción
yo la creo, como si fuera mi fe
irrebocable
ciegamente.
Necesito la verdad
que cae a plomo, dando un golpe seco,
como cuando se chocan dos galaxias, o se te cae el mundo encima.
Ambas dejan un rastro de luz divina.
Huele a cerrado, a sábanas sucias, a pelo de gato,
a saliba.
Porque dentro no hay tierra que mojar con tanta lágrima
y endulzar el ambiente con el aroma del verano.
Abro la ventana: todo está yermo, presuroso.
Dentro de mi, sin embargo, las agujas no corren, solo se clavan.
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