Los aviones, me recuerdan un poco a los dragones: surcadores de nubes y de coraza impenetrable, con combustiones internas y devoradores de hombres. Sus jinetes subordinados, a las órdenes y deseos de su antojo, sin lealtad más que a la de uno mismo. Destruyendo el paso y cayendo en picado, salpicando el vacío, rugiendo a las tormentas envenando el azul con sus luces y surcos.
Arrojan la sombra en los ojos de cualquiera.
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