Soy melancólica, igual que el café y el humo de los cigarrillos. Y soy triste como los cielos sin trozos azules y la lluvia aporreando las ventanas.
Pero no me apiado de mi misma, ser triste, no es como llorar, no tiene nada que ver, es algo innato, no aparece y desaparece. Hay gente alegre que llora, hay gente triste que sonríe. Cada uno tiene sus engranajes, los míos funcionan despacio, truncados y desafinados.
Pero los seres tristes tenemos nuestras ventajas, somos amigos de lo escondidamente hermoso, amamos para siempre, y nunca nos olvidamos de lo que no es importante para los demás. Y aunque somos recelosos de las prisas y los pisotones, tenemos la nobleza de quien, al tener tan lejos la felicidad, cuando la encontramos nos regocijamos, no es para nosotros el fin en si mismo, sino un medio de vida; no es tanto el encontrarla como el disfrutarla. Y la plasmamos sobre todo en nosotros mismos, para que vosotros, los seres alegres, cuando nos miréis pasemos desapercibidos, y no tengamos que responder a preguntas tan innecesarias como:"¿Estás triste?"
No estamos tristes, somos tristes, pero no necesitamos parecerlo. Ser, estar o perecer.
Porque no queremos vuestra compasión y lágrimas inusitadas, ¿Es qué no veis que hace tiempo que convertimos las lágrimas en sonrisas ?
Porque nosotros si lloramos dejamos escapar un trocito de lo que somos.
La tristeza.
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