Que injusticia.
Sabes cuales son las probabilidades, sabes la teoría, los números, sabes demasiado bien que es raro que ocurra, y entonces pasa el tiempo y el cuerpo se relaja, la mente empieza a pensar que quizá, el sea especial, que lo haya conseguido, y en ese momento de debilidad, con una sonrisa, te abaten. Y ves todo lo bueno derritiéndose hacia el suelo poco a poco. Y cuando termina su cometido se va, y aquí paz sin ninguna gloria.
El dolor te desgarra, la impotencia te absorbe, te sientes embaucado, engañado, traicionado. Nadie te responde cuando gritas, y lo único que queda, es una jaula vacía...
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